Análisis: The Legend of Zelda Breath of the Wild
“El mejor Zelda de la historia”
He de empezar este análisis
advirtiendo sobre lo demasiado subjetivo que puedo llegar a ser con este juego.
Y es que me es imposible hablar de Breath of the Wild sin recurrir a un enorme
abanico de emociones. Emociones y sensaciones que he tenido con muy pocos
videojuegos y que sin lugar a dudas, este último título de Zelda es capaz de
aunar muchas de ellas y brindarnos una
auténtica obra maestra atemporal.
Quiero comenzar hablando de mí y
de mi relación con la saga de Zelda. Por lo que habréis podido deducir de mis
primeras palabras, seguro que pensáis que soy un fan acérrimo de la saga y que
mi opinión es exagerada y basada en un amor incondicional por las aventuras de
nuestro elfo hyliano.
Pero nada más lejos de la
realidad, debo decir. Pues si bien es cierto que desde siempre me he sentido
fuertemente atraído por las historias de Link y la princesa de Hyrule, en lo
tocante a la jugabilidad y al desarrollo de los juegos de la saga siempre me ha
costado más abordar un videojuego completo. Una jugabilidad repetitiva, zonas
pensadas para que demos vueltas y vueltas hasta encontrar el camino, encontrar
objetos para poder proseguir con la aventura… La verdad es que la fórmula de
The Legend of Zelda es bastante monótona.
No quiero que se me malentienda.
A Link to the Past es un clásico de la Game Boy, Ocarina of Time puso los
cimientos de los juegos de mundo abierto, Majora’s Mask le dio una oscuridad a
la historia impropia de una saga que se consideraba para niños y Wind Waker nos
enseñó que los gráficos pueden ser atemporales. Estos son solos unos de los
muchísimos ejemplos de títulos de la saga Zelda que nos demuestran que aunque
partan de la misma idea, rescatar a la princesa, cada uno puede ser único y una
obra de arte por derecho propio. No quiero acabar este párrafo sin mencionar
otros tantos como Twilight Princess, Skyward Sword o A Link Between Worlds,
entre los que he podido disfrutar.
Pero es que Breath of the Wild lo
cambia absolutamente todo.
"El sistema de combate renovado y el apartado visual del juego lucen genial"
En primer lugar, no tenemos que rescatar a Zelda, es
ella la que está protegiendo Hyrule con su poder durante 100 años esperando que
Link despierte para que juntos, y recalco, juntos puedan destruir a Ganon. Es
la princesa Zelda la que realmente tiene el poder de destruir a Ganon. Link es
tan solo un mero ayudante, demostrando sutilmente en ese juego, que las
mujeres son poderosas.
La historia no se queda ahí,
puesto que si obtenemos los recuerdos de Link, empatizaremos con la princesa
Zelda y cómo logró despertar su poder oculto. Una historia que no nos viene
contada de forma tradicional, sino a través de recuerdos repartidos por el mapa
y pequeñas historias que nos contaran en algunas misiones principales. El resto
podremos descubrirla nosotros, leyendo libros, hablando con gente, haciendo
misiones secundarias, etc… O bien podremos ignorarla e ir directamente al
grano. La historia, al fin y al cabo, la escribimos nosotros.
Aunque es cierto que una historia
tan dispersa puede no gustar a todos, lo que no dejará a nadie indiferente será
su apartado gráfico. Nintendo reinventa el motor gráfico y nos brinda un
apartado visual que no sabría con qué compararlo. Claramente sigue la idea de
Wind Waker y nos regala unos gráficos que pase el tiempo que pase siempre
se verán bonitos. Y es que esa palabra define perfectamente lo que es Breath of
the Wild. Es un juego tremendamente bonito.
"Aunque dispersa, la historia de esta entrega tiene dosis de emoción a raudales."
Llegamos al punto clave de todo.
La jugabilidad.
Este Zelda no se conforma con
romper moldes en cuanto a historia y apartado visual, si no que además nos
muestra una jugabilidad nunca antes vista en ningún videojuego.
Partimos de la base de un mundo
totalmente abierto, nada nuevo en la industria actual, pero al que podremos ir
a cualquier punto del mapa que alcancemos a ver. Si está a la
vista, está a tu alcance. Y eso es algo que no había visto de una forma tan
orgánica en ningún otro videojuego.
La escalada es la mecánica más
gratificante puesto que se realiza mediante una barra de resistencia, pudiendo
escalar cualquier superficie imaginable, incluso paredes verticales. Siempre y
cuando nos quede resistencia.
Resistencia que se añade a la, más que conocida, estadística principal, la vida. Y que junto a esta podremos ir
aumentando si completamos los santuarios repartidos por Hyrule. ¡Son más de
100!
Estos santurarios son, junto con
las cuatro mazmorras principales, lo mejor del juego. Nos plantean distintos tipos de retos. Desde combates contra guardianes hasta cortos puzles realmente
ingeniosos y sin olvidarnos del hecho de tener que encontrar dichos santuarios
en el vasto mapa que nos acoge.
Ah si, se me olvidaba. Esto no es
Assassin’s Creed. Aquí no viene todo marcado en el mapa para que vayamos
derechitos a por cada misión o coleccionable. No, aquí lo primero que deberemos
hacer es encontrar la torre de cada zona para escalarla y obtener así el mapa
de la región. Antes de bajar sería una buena idea otear el horizonte y marcar
en el mapa manualmente las zonas a donde dirigirnos, tanto santuarios como
otros lugares de interés.
"El imán es el primer poder que obtenemos. Es difícil explicar todo lo que podremos hacer con el."
Así es la exploración en esté
Breath of the Wild, una fusión romántica con el entorno, donde somos nosotros y
solo nosotros los que decidimos donde ir y como llegar. Si queremos recordar
donde esta algo habremos de marcarlo, o si pretendemos llegar a alguna zona
lejana será mejor subir a una torre y señalarlo en el mapa con los prismáticos.
Algo, sin duda, único en los tiempos que corren.
Uno de los mayores miedos que se
puede tener al escuchar estas palabras es el miedo a que el videojuego se
vuelva tedioso y demasiado lento. La verdad, que cuando leí los primeros
análisis del título fue lo primero que me temí, pero he de decir que nada
estaría mas lejos de ser cierto.
Aquí entra en juego la
jugabilidad emergente. Una novedosa forma de jugar donde es el jugador quien
pone las normas y quien decide cómo llegar a algún lugar o como completar un
puzzle con su propio ingenio, sin que necesariamente el juego estuviese
programado para hacerlo así.
Algún tan simple pero a la vez tan complejo es lo que le da vida al videojuego,
lo que hace que llegar del punto A al punto B sea una verdadera aventura. Una
experiencia diferente para cada jugador. Porque si empieza a llover no podremos
escalar puesto que resbalaremos. Si aparece una tormenta será mejor que nos
libremos de todo lo metálico o nos caerá un rayo. Si entramos en un volcán
todas nuestras armas de madera arderán.
"Montar a caballo durante una tormenta puede ser buena idea. Siempre que nos desequipemos de armas metálicas."
Si parece poco todo lo que os he contado hasta ahora, los diseñadores de esta obra de arte no han escatimado en aún más detalles con el juego. Si bien en otros títulos de mundo abierto podemos ver la escasez de estos, en este Zelda habrá muchos detalles que pasaremos por alto aun después de cientos de horas.
Estos son solo unos pequeños detalles.
Detalles como la gente tapándose
las cabezas y corriendo cuando empieza a llover.
Detalles como el uso de
diferentes elementos como el fuego para derretir el hielo o el rayo para
paralizar enemigos.
Detalles como los elixires o
diferentes ropas que deberemos usar para sobrevivir al frío de la montaña o al
calor extremo de un volcán.
Detalles como encontrar los 900
Kolog repartidos por todo el mapa. Unos pequeñines bien escondidos y que es muy fácil pasar por alto.
Detalles como cocinar cientos de
recetas para que la comida nos recupere más vida.
Detalles como la música,
inspiradora pero distinta a otras entregas. Pero que nos inundará de nostalgia
al llegar al castillo de Hyrule.
Detalles al fin y al cabo que
bordan aún más esté magnífico título.
NOTA FINAL
10
Lo difícil al valorar este juego
es no darle un 10. Entiendo, por otra parte, que los fans de la saga que
esperaban ansiosos otro Zelda más, quedasen descontentos con este título. Pero
es que lo nuevo siempre impacta.
Ya ocurrió con Wind Waker que, pese a algunas
críticas, el tiempo parece hacerlo cada día mejor. Este Breath of the Wild es
aún mejor vino. Uno de esos que tras veinte años sabe mucho mejor y nos trae
grandes recuerdos.
Solo me queda decir:
Gracias Nintendo por haber creado
semejante obra maestra.









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