Reflexión: Dark Souls 3. El juego que destruyó mi vida.
Amado por muchos y odiado por más. Así se define cualquiera
de los títulos de la saga Souls.
Una oda a la paciencia y a la desesperación por partes
iguales. Un juego capaz de sacar lo peor de uno mismo para después hacerte llorar
como un niño al vencer al jefe que te derrotó las 99 veces anteriores.
Y es que el juego se divierte manipulando nuestros
sentimientos de una forma que ni los grumos más traicioneros del colacao
podrían soñar con hacer. Si, esos grumos traidores que parece que ya no están y
cuando le das el buche aparecen el tu boca y te hacen forzar esa expresión de:
-“Puaaaaggg, con que estabas ahí pequeño rufián”
Al principio yo era feliz, jugaba a juegos de gente feliz, y
me sentía feliz con mis progresos. Y un día apareció Dark Souls 3. No, no había
jugado demasiado al 1 ni al 2 anteriormente. Eran toscos y visualmente
horribles. Los probé pero la dificultad no la veía justa, mi personaje era
torpe, los enemigos se acumulaban y había que retroceder, dar un golpe y
retroceder más para matar a unos tristes esqueletos.
Dark Souls 3 lo cambió todo. Era ágil. Mi personaje hacía lo
que yo le decía. Y estéticamente era increíble. Decidí darle una oportunidad.
Idiota de mí y maldito el día en que ese juego llegó a mi
vida. Ahora todo es Dark Souls. Todos los juegos copian a Dark Souls y ninguno
llega a ser como Dark Souls. Este juego ha oscurecido mi alma… Joder, lo he
vuelto a hacer.
Al principio es duro, no os voy a engañar. Pero una vez
entiendes tus atributos, mejoras tus frascos de vida, dominas las mecánicas y
tienes un arma decente el juego se vuelve más divertido por momentos y de forma
exponencial. Todo esto con ayuda de guías, videos, foros…
Matar bosses se convierte en una delicia, esquivar en el
momento justo, hacer un parry o reventar al dragón de turno con unas espadas
duales +9 cubiertas de rayo causa una
sensación demasiado placentera para ser descrita.
Después de varias vueltas a este Dark Souls 3, el resto de
títulos me saben a poco. Ya no quiero que me cuenten milongas, rescatar a la
hija del panadero, ni vivir una historia de paladines +7 que vencen a brujos +5
con mucha brujería y con burbujas de sanación. Solo quiero que me lo pongan
difícil, que me tenga que pensar una estrategia para afrontar los combates y
buscar el camino por dónde ir. Y todo eso sin recurrir a la dificultad
artificial de los juegos en el modo “Dios, ultra-mega difícil de la
muerte-pesadilla” donde si un enemigo nos mira mal ya empieza a cargar la
pantalla de “cargar desde el último punto de control”.
Ya nunca volveré a ser feliz con un juego como lo era antes.
Con una historia, con una buena cinemática. Ya solo quiero Dark Souls… Creo que
incluso jugare al primero, aunque sea lento y tosco y se vea como el canal+
codificado.
Dark Souls ha destrozado mi vida.




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